domingo, 6 de noviembre de 2016
jueves, 3 de noviembre de 2016
La pedagogía y la Tecnología
Los
tiempos actuales se caracterizan por la velocidad de la información y
el conocimiento, elementos que inciden en las creencias, valores, formas
de pensar y de actuar del ciudadano de estos tiempos, pero con especial
énfasis en la pedagogía, relacionada con la formación del hombre, en
su necesidad de construirse, deconstruirse y reconstruirse bajo nuevos
paradigmas ecológicos, constructivistas, críticos que se convierten en
un imperativo de la pedagogía: reconstrucción de la persona-educando
como un sujeto activo en un proceso que exige nuevas metodologías, para
incrementar el conocimiento como saber preciado que reside en las
personas. El mismo está fuertemente enraízado en las experiencias
provenientes de comunidades que lo crean lo usan y transforman. En este
caso, se puede hablar de profesores que en función a sus disciplinas se
unen para compartir ideas en foros y debates por internet, donde
participan en la cibercultura que suprime barreras geográficas
modificando las relaciones sociales e incrementando la capacidad de
comunicación.
Moreira
(2001), señala que hoy en el mundo tecnológico se debe concebir un
discurso pedagógico que responda a la formación de personas más como
ciudadanos que como consumidores de mercancía culturales, de forma tal
que las TICs, puede emplearse más para fomentar el aprendizaje y la
autonomía. Por esta razón, las instituciones educativas deben
convertirse en espacios abiertos en la que participen todos los sujetos
generando experiencias compartidas. Ya no se trata, de utilizar las
TICs, como medio mecánicos e instrumentales, sino de emplearlos como una
alternativa para construir una identidad que nos defina como residentes
digitales del conocimiento, la investigación y la producción de nuevas
informaciones. Si se toma en cuenta que debemos ser competentes
comunicativos, pedagógicos en cuanto el uso de los medios tecnológicos
requieren de una pedagogía activa y participativa para que tanto el
docente, como los estudiantes puedan utilizar el lenguaje audiovisual,
considerado esencial en estos tiempos. Además, de ideológicos, estos
significa que los estudiantes tengan la capacidad de usar estos medios
para emisión y recepción.
La Acción Epistemológica en la Formación
Docente
Elisa Camargo
En el mundo contemporáneo la formación
y la práctica pedagógica han sido objeto de discusión teórica e investigación por
ser un tema que está presente en las diferentes esferas de la sociedad, movido
a que la crisis de la educación constituye una preocupación en todos los países
del mundo. Así el docente y su preparación se convierten en el nodo central
hacia el cual se dirigen todas las miradas, pues la docencia es una acción
institucionalizada, constante, reflexiva que posibilita la consecución de los
fines de la cultura organizativa y el clima organizacional que inciden en el desempeño
docente.
El ensayo intenta dar cuenta sobre la
importancia de la formación docente como un medio sistematizado de conocimiento
que sirve de fundamento a la práctica pedagógica. De allí, toma como puntos centrales,
los sustentados en la lectura: La reflexión epistemológica en la práctica
pedagógica como entidad reveladora de la formación docente, de Víctor Díaz Quero (2013), con especial
énfasis en la acción epistemológica, la formación docente y la práctica
pedagógica.
En tanto se entiende la acción epistemológica
como el medio que rescata la potencialidad del pensamiento y la acción del
docente mediante un permanentemente cuestionamiento de la práctica pedagógica como
fuente significativa de la formación docente.
La formación docente es una actividad
compleja que revela los procesos de enseñanza y aprendizaje que desarrollan los
profesores en el hacer cotidiano, en el que persisten creencias,
significaciones en un proceso permanente de adquisición de conocimientos,
habilidades y valores.
La práctica pedagógica es proceso
continuo que forma a los profesores, mediante la adquisición de experiencias en
todos los espacios de aprendizaje. Es un reflejo de la realidad producto de la puesta en escena del currículo y los
saberes disciplinares, pedagógicos y académicos, cuya acción es ejercida sobre
los estudiantes en el contexto del aula, mediante una relación
docente-conocimiento-estudiante fundamentados en el enseñar y el aprender.
En
torno a lo expresado, el propósito del ensayo consiste en explicar la acción epistemológica sobre la
práctica pedagógica, ante lo que se busca dilucidar (a) la formación docente
(b) entender cómo formar al docente desde la acción epistemológica para qué
mejore su práctica pedagógica.
En cuanto a la formación docente, los docentes, son actores elementales en el
proceso educativo en cuanto se
dedican a educar y enseñar. Díaz (2013a), señala que “Cada docente constituye
una historia por reconstruir y una biografía por escribir. Esa es la memoria
pedagógica. Memoria que permite reunirse con las esperanzas, sueños,
dedicación, entrega y esfuerzos que se dibujan en la rostrocidad del docente”
(p.2), el docente conforma un todo holístico, es el mejor narrador de su
actuación dinámica en la que se integran las situaciones didácticas,
pedagógicas, sociológicas, culturales y afectivas, tanto explicitas como
implícitas en el currículo oculto.
No obstante, los verdaderos procesos
formativos del docente como lo expresa Beck y Kosnik (2014), en el Foro Maestro Siempre, se originan a
partir de la experimentación en las clases, al observar a estudiantes y
profesores, conversan con estos. Los docentes aprenden más de manera informal
que formal. En los primeros cinco años en su formación inicial universitaria
estudian teorías sobre la experiencia del aula, luego las aplican en la
realidad en las instituciones educativas, pero en oportunidades en esta
formación inicial a decir de Schiefelbein y Tedesco, (1995), “existe una
fundada presunción acerca del escaso impacto que ha tenido la elevación formal
del nivel de estudios de los docentes en los resultados del aprendizaje” (p. 99)
Situación que se aprecia, cuando el
estudiante practicante presenta problemas pedagógicos y didácticos que al
graduarse de la universidad arrastra al desempeño laboral como un efecto
mariposa que lo induce al caos de la reproducción, apatía intelectual,
estancamiento. A pesar de realizar estudios de diplomados, especializaciones,
maestrías y doctorados, en la práctica de la enseñanza, se mantienen
inmutables, sin generar cambios. Al contrario, conservan los mismos sistemas
reproductivos de las metodologías, evaluaciones, creencias y tradiciones
rutinarias.
Al respecto Diaz (2007b), señala …“se
forma al docente sólo para la enseñanza, ignorando la necesidad de desarrollar
un pensamiento curricular que le permita analizar y reflexionar sobre las
concepciones políticas, ideológicas, sociales y culturales que subyacen en el
programa que administra. (p. 8), sólo se mira y
dirige dentro del cumplimiento de programas y contenidos escolares, dejando de
lado la construcción autónoma, reflexiva y crítica del conocimiento.
Aquí es importante detenerse a
reflexionar sobre los modelos pedagógicos que explican la actuación del docente
en su formación en el (a) academicista se adquiere el saber en función a
resultados medibles, un buen maestro conoce la disciplina a enseñar (b)
naturalista, la formación de los profesores se circunscribe en la comprensión
de los principios evolutivos del niño, (c) procesos, se valora la formación por
las experiencias formativas adquiridas mediante el saber hacer, dentro del
campo profesional (d) crítico, los docentes se consideran profesionales
autónomos, reflexivos de su práctica cotidiana para entender las particularidades
de los procesos de enseñanza y aprendizaje en la institución, el contexto
político y económico.(Loya, 2008).
Cada uno de estos modelos ha influido
en la formación docente, y algunos más que otros, se mantienen vigentes en el
desarrollo de los proyectos educativos, en los conocimientos disciplinarios,
pedagógicos y didácticos. Pero el principal compromiso en estos tiempos es el
desarrollo de modelos y programas que respondan a las demandas de la sociedad
para formar a los estudiantes del siglo XXI. Por ello, la formación debe
orientarse al dominio de los contenidos, en metodologías de enseñanza adecuadas
al currículo, en herramientas pedagógicas participativas y en competencias para
el uso de las tecnologías de información y comunicación.
Resulta
esencial, como indica Díaz (2013a), …“que
los programas de formación inicial y permanente de los profesores cumplan una
función de constante innovación y de conexión con los contextos de la práctica
escolar” (p.5), si se toma en cuenta que la innovación permanente es la única
manera de abolir la tradición en la enseñanza y aprendizaje de mejorar la
calidad de la docencia y el cambio cultural en una sociedad emergente que exige
cada vez más mayor creatividad y capacidad de asombro.
En este sentido, para lograr este
cometido debe existir disposición por parte de los sistemas educativos, las
instituciones y los propios docentes para comprender de forma responsable su
realidad y asumir el compromiso de mejorarla, mediante un proceso dirigido y
decidido que los induzca a un cambio profundo en su voluntad y conocimiento.
Ahora bien ¿Cómo formar al docente desde la acción epistemológica para qué mejore
su práctica pedagógica? , quizá lo esencial es que entienda la práctica
pedagógica como una propuesta de investigación en la que se sistematiza,
comprende y transforma la realidad educativa. Por ello, según Bedoya (2000),
debe existir “un cambio radical en la actitud frente al conocimiento” (p. 98),
cambiar la forma tradicional de interpretar el conocimiento, por un modo
dialectico donde el docente en formación se implique en función a un trabajo
riguroso.
Se trata de pensar y fundamentar
epistemológicamente lo que se hace, pues el fin ya no es deformar, mediante la
instrucción o transmisión, sino de investigar las auténticas formas de acceder
al conocimiento. Deliberar cuáles son los problemas específicos que ahora están
evidenciándose como carencias frente a la práctica pedagógica, la cual debe ser
asumida …“como una forma de pensar la realidad y desde la cual el sujeto
pedagógico pensante elabora conocimientos, sistematizados o no, que constituyen
una base teórica para explicar su actuación profesional” (Díaz, 2013,7).
De allí que la acción epistemológica, parta de la
construcción de conocimientos, producto de la experiencia sobre las diversas
tareas, el planteamiento de problemas, la reflexión, teorización e indagación
de las respuestas viables a los mismos, al asumir el enfoque investigativo como
resignificador de nuevas teorías, que superen los obstáculos epistemológicos,
por ello es vital trabajar en el contexto de la formación con una razón crítica
que enseñe a aprender a buscar la verdad, el saber. Es decir, optar por una formación que se
enseñe en y mediante la investigación para lograr las condiciones de producción
del conocimiento en la acción, desde donde el docente logra cuestionarse y
lograr la transformación y reconstrucción de los supuestos de su práctica
pedagógica.
En
conclusión, la formación del docente se enmarca en
un proceso dialéctico entre sujetos y realidad bajo una dimensión teórica y práctica
que fluye en estrecha vinculación con el contexto en el que se integran
situaciones didácticas, pedagógicas, sociológicas, culturales y afectivas,
tanto explicitas como implícitas. Cuando el docente emprende el viaje desde la
formación inicial comienza un proceso
transformador de sus creencias y significaciones, a pesar de las debilidades y
carencias que pueda llevar de la universidad, donde recibe sólo información. Al
ingresar al sistema educativo se enfrenta a la acción pedagógica, instructiva,
didáctica, cultural y social. Aquí pasa a la formación mediante la construcción
y reconstrucción del saber enseñado.
Desde esta mirada, la acción
epistemológica cobra protagonismo en la mejora de la práctica pedagógica, en la
medida que el enseñar y el aprender se orientan a un cambio de actitud hacia el
conocimiento en un esfuerzo metódico, riguroso y crítico por desvelar la
realidad, mediante la investigación de la práctica pedagógica. Es decir, cuando
el docente en formación toma conciencia de la importancia de cuestionar su
propia práctica y su pensamiento, con un sentido indagatorio continúo
de la realidad interior y exterior del aula de clases, puede decirse que posibilita un
aprendizaje vivencial que lo convierte en un transformador intelectual, capaz
de vincular la acción y la teoría con la práctica.
En
el recorrido de las disertaciones expresadas, fundamentadas en las ideas del
artículo del Dr. Víctor Díaz Quero, como principal fuente y de otros autores,
se revela que la formación docente depende de la reflexión epistemológica en la
fase inicial y durante el ejercicio docente, porque lo esencial no es adiestrar
docentes; sino formar docentes capaces de pensar que develen su realidad y la
construyan.
REFERENCIAS
Beck, C, y Kosnik, C.
(2014). Prioridades en la educación: los
siete elementos clave de la formación inicial. Conferencia magistral en el Foro Maestro
Siempre. [Conferencia en línea] Disponible: http://www.mineducacion.gov.co/cvn/1665/w3-article-340967.html [Consulta 2016 Julio
14]
Bedoya, J. (2000). Epistemología y pedagogía. Ensayo crítico
sobre el objeto y método pedagógicos. (4ta Ed) Colombia: ecoe ediciones.
Díaz
Quero, V. (2007a). Conferencia central en
las XII jornadas institucionales de investigación 2007 UPEL-IPB ¿Cómo formar un
docente investigador? ¿how to train a teacher researcher? UPEL-IMPM Núcleo Táchira. Educare. Volumen 12 Nº 1, Enero – Abril 2008.
Díaz Quero, V.
(2013b). La reflexión epistemológica en
la práctica pedagógica como entidad reveladora de la formación docente. En
D. Izarra y R. Ramírez (Comps.), Docente, enseñanza y escuela. (pp. 21-37). Caracas:
Universidad Pedagógica Experimental Libertador.
Loya,
H. (2008). Los modelos pedagógicos en la
formación de profesores. Revista Iberoamericana de Educación n. º 46/3 - 25 de
mayo de 2008. Universidad Pedagógica Nacional. México: Organización de Estados
Iberoamericanos para la educación, la ciencia y la cultura (OEI) [Revista
electrónica en Línea] Disponible: file:///C:/Users/ElisaCa/Downloads/2370Loya%20(1).pdf [Consulta, 2016 julio
13]
Schiefelbein, E y Tedesco, J. (1995). Una nueva oportunidad. El rol de la
educación en el desarrollo de América Latina. Buenos Aires: Santillana.
Elisa Camargo.
La formación de los jóvenes debe configurarse dentro de una pedagogía que lea el mundo, porque
el pensamiento de estos chicos es transactivo, quiere decir que buscan información en cualquier lugar, lo que aprenden hoy manñana lo consideran irrelevante. Ante escenario complejo, debemos convertirnos como docentes en navegadores que construyen y comparten nuevos conocimientos en cada momento. Dudar y cuestionarnos de lo que creemos es la verdad, que quizá no sea cierta, si se toma en cuenta que el conocimiento es inacabado y muchas veces estos jóvenes traen al aula informaciones que desconocemos.
La pedagogía literaria
La realidad del mundo actual se
encuentra inmersa en profundas presiones complejas caracterizadas por el
aumento exponencial del conocimiento, situación que lleva a la sociedad y
dentro de ella a la universidad a repensar el estudio de la literatura desde las
mediaciones culturales y tecnológicas, es decir utilizar nuevas formas de apreciar
la literatura a través de la lectura de un contexto complejo, envuelto en una
contingencia incierta y dinámica, que enfrenta la incertidumbre, en medio de
una lucha entre lo lineal y lo no lineal.
Da ahí, deriva una nueva mirada al
mundo universitario, a través del lenguaje, la comunicación, el discurso y la
expresión de una literatura que es mutable, es decir, de individuo en individuo
y de época en época, donde se participa
en una experiencia en la que el goce estético y la comprensión crítica se
complementan para dar un conocimiento especial del mundo. En este sentido, la
apreciación literaria según García y posada (2012), se orienta por un conjunto
de normas y observaciones encaminadas a la valoración de la belleza,
considerando el razonamiento crítico de análisis teórico para ordenar
sistemáticamente nuevos conocimientos en materia literaria. De esta forma, se fundamenta en el análisis filosófico
concentrado en el estudio de la belleza, el análisis teórico y el análisis
histórico-crítico de las obras literarias.
Estos tres elementos, permiten al participante
en su formación docente apreciar la literatura desde la lectura, comprensión, imaginación,
impresión subjetiva, sensibilidad y estética, aunados
a los condicionantes del contexto que operan tanto a nivel de los autores como
de los lectores, al apreciar las obras literarias. De modo, que es bastante
frecuente que los juicios críticos se encuentren condicionados y en buena
medida orientados por ciertos criterios de valoración altamente subjetivos, por
lo cual el participante como lector activo debe estar atento en su desentrañamiento.
De esta forma, los futuros docentes deben sensibilizarse en la percepción de la belleza que se expresa a través de
las distintas obras literarias; al mismo tiempo desarrollar la capacidad
crítica que les ayudará en su formación personal y cultural como intérpretes de textos literarios. Esto se revela cuando emiten
juicios críticos para la construcción de nuevos significados. Así facilitan el conocimiento de las interrelaciones de la literatura con otros
saberes culturales, sociales, políticos, económicos, religiosos, tecnológicos,
históricos y científicos. De esta manera, perciben la riqueza de la lectura
literaria desde el goce estético, elementos críticos, conceptos, vocabulario,
poética, semiótica, estilística, conocimiento de otras épocas y culturas,
empatía hacia el género humano. Todo ello, dentro de una teoría literaria
universal, nacional, regional y local; cimentada en una perspectiva
comunicativa y funcional del lenguaje.
Del mismo modo, siguen un proceso formativo dialógico, al interactuar armónica y
recíprocamente: autor-obra-lector. De allí, realizan un acercamiento
cognoscitivo, experiencial y estético en el que asumen en forma integral el
hacer literario hacia horizontes de mayor amplitud y profundidad, conducente a
la formación de la sensibilidad estética y el pensamiento reflexivo,
interpretativo del estudiante.
La tarea pedagógica de la literatura consiste en proporcionar las
bases para que cada participante aprenda a argumentar, comunicar y a ser activos receptores y emisores estéticos creando sus propios
textos. En este caso, no se trata de formar literatos sino de facilitar que,
mediante la escritura del lenguaje, exploren las posibilidades lúdicas,
estéticas, expresivas, descriptivas, entre otros. Se sugiere entonces que
traten de escribir sus impresiones sobre el mundo, sus sentimientos y vivencias
con una intención estética, recreando géneros, estilos, imágenes o figuras
retóricas de los autores leídos durante el curso.
La concepción de la pedagogía literaria
se orienta hacia la construcción significativa de los aprendizajes, lo que
exige de los participantes un rol fundamentalmente activo en la producción de
nuevas informaciones, y del docente, un rol de asesor, facilitador y mediador.
En este sentido, es primordial el desarrollo de estrategias centradas en la
participación, en la búsqueda del conocimiento como actividad esencial e
intransferible del participante, el cual aprenderá a aprender, asegurándose la
aptitud ética y autocrítica en confrontación de la teoría con la práctica, a
través de foros, grupos interactivos, comunicación directa y constante en los
ambientes de aprendizaje y de manera telemática.
Teniendo en cuenta el marco
conceptual presentado, la pedagogía literaria se centra en la construcción del aprendizaje autónomo socialmente
significativo, haciendo uso de estrategias de enseñanza y aprendizaje con un
enfoque interactivo, en donde el participante desarrolla actitudes y aptitudes
que demuestren las competencias previamente establecidas y sea capaz de abordar los retos tecnológicos que exige la sociedad
del conocimiento actual (Video foro, internet, discusiones dirigidas, debates
dirigidos, mesas de trabajo, diagramas gráficos, cuadro comparativo, ensayo, críticas literarias,
análisis literarios, bitácoras, portafolios, grupos de discusión, foros,
integración de grupos, video conferencias
y algunas redes sociales). Todo ello, permite la sedimentación del conocimiento en los participantes.
Referencias
Castro, Oscar y
Posada, Consuelo. (2012). Manual de
teoría literaria. Colombia: Universidad de Antioquia, caminos.
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